El progrés de Menorca

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La ideología de la saturación y la turismofobia

arg | 18 Agost, 2017 11:50

Se ha puesto de moda hablar de la saturación turística. Desde los partidos de izquierdas lanzan perversas consignas para extender la idea de que ya no cabe nadie más, de que hemos llegado al techo máximo, que ya no podemos soportar un nuevo turista. Unas ideas que se han convertido en el sustrato ideológico de lo que se ha venido en llamar la turismofobia y que es la que alienta los actos violentos contra el sector turístico de grupos de extrema izquierda que hemos visto en las últimas semanas.

No es baladí que el Consell insular de Menorca, desgobernado por la izquierda desde hace dos años, haya promovido, por ejemplo, reformar la carretera general en verano. Esta decisión no es fruto del azar. No es casual. Bien al contrario, es una decisión muy meditada y perfectamente planificada. Y tiene un objetivo muy concreto: que se magnifique la sensación de agobio y de saturación durante la temporada estival. Ya les va bien a los partidos de izquierdas que las carreteras vayan llenas, que se tarde más de media hora para ir de Ferreries a Ciutadella. Es la excusa perfecta para decir que sobra gente, que no podemos seguir creciendo, que el turismo tiene consecuencias negativas para nuestro bienestar.

Tampoco es inocente el empecinamiento de los partidos de izquierdas en no querer ampliar los aparcamientos de las playas vírgenes del sur de Ciutadella. Ya les va bien el caos que cada día se genera en estas playas. Es más, en mi opinión, esta situación de tensión y de congestión es querida y fomentada. Sin ir más lejos, el año pasado se clausuró el aparcamiento irregular de la playa de Macarella, que era un balón de oxígeno para cientos de personas que querían ir a la playa. Incluso, Maite Salord, prohibió, al inicio de su lamentable presidencia, la ampliación del aparcamiento de Cala’n Turqueta. Era previsible, por tanto, que este año sería caótico si no se ponía algún remedio. Sin embargo, al final, la solución ha sido no hacer nada, dejar que el caos invada los caminos de acceso, que los visitantes se vayan cabreados y que la mala imagen se dispare por las redes sociales. Y lo han permitido a sabiendas, con toda la intención.

Todo está diseñado para crear la sensación de que el turismo es malo, de que crea incomodidades y que, por tanto, hay que limitarlo. No hay que desdoblar la carretera general porque eso resolvería el problema de congestión de nuestra principal arteria viaria, ni hay que ampliar los aparcamientos de las playas porque esto eliminaría el caos que ahora existe y, en consecuencia, desmontaría el discurso de la saturación que a la izquierda tanto gusta.

En Ciutadella, por poner otro ejemplo, en lugar de crear nuevas plazas de aparcamientos, lo que se hace es eliminar las pocas que ya existen. Y lo hacen a conciencia para intensificar la sensación de saturación y para culpar así, de todos los males al turismo.

Existe, por tanto, un plan perfectamente orquestado y dirigido desde las élites de la izquierda para demonizar el turismo. De hecho, su objetivo es imponernos la ideología de la saturación, convertida ahora en un dogma de fe, que nadie puede cuestionar, solo para tener la excusa perfecta a la hora de aplicar sus políticas antiturísticas y sus teorías del decrecimiento. Quieren la saturación, buscan de forma consciente el caos, y todo para reforzar su diabólica ideología de la saturación y, como consecuencia de ella, forzar políticas restrictivas de la actividad turística.

El catedrático de Economía Aplicada de la UIB, Antoni Riera, ha dicho, sin embargo, en diversas ocasiones, que no existe saturación, que lo que existe, en realidad, es una mala gestión de la afluencia de turistas. E insiste en afirmar que la solución de la izquierda de limitar la entrada de visitantes es una solución del siglo pasado. De hecho, no existe ningún dato que confirme o dé solvencia a las teorías saturacionistas. La propia isla de Malta, es el ejemplo vivo de la inconsistencia de esta ideología, cuando en una superficie que es la mitad de Menorca, viven todo el año más de 420.000 habitantes. Ciertamente, no sé qué pensará un maltés cuando se habla de saturación en Menorca.

Pero claro, es más fácil prohibir que gestionar. Y nuestra izquierda, como siempre, ante su incapacidad de gestionar ha elegido el prohibir, el obstaculizar, el frenar… Es más, se empeñan en mantener unas infraestructuras insuficientes y obsoletas, diseñadas para la Menorca de hace 50 años, aunque ello ponga en riesgo el pan de mucha gente y la viabilidad de nuestra principal industria. Y lo hacen para justificar que ya no cabemos más.

En mi opinión estamos ante una preocupante deriva ideológica de la izquierda, enfervorizada ahora con las teorías del decrecimiento, y que son, sin duda, la antesala de una nueva crisis económica y de una nueva fase de destrucción de empleo. Y si no, al tiempo.

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