El progrés de Menorca

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Los presupuestos del desastre

arg | 06 Desembre, 2016 12:37

Los presupuestos de la comunidad para el ejercicio 2017 ya han iniciado su tramitación parlamentaria. Ha sido un parto difícil, algunos lo han calificado de parto por cesárea. De hecho, hasta el último momento hubo forcejeo entre Més y PSOE por el reparto del pastel. En el último Consell de Govern se llegó al esperpento, cuando los consellers de Més abandonaron la reunión, mientras la consellera de Hacienda, sollozaba desconsolada. Un espectáculo nunca visto.

Han nacido también, estos presupuestos, bajo la sospecha de favorecer determinados intereses particulares y no tanto el interés general. Las prisas del podemita Alberto Jarabo por firmar un acuerdo con el Govern para no entorpecer la tramitación de los presupuestos ha despertado muchas suspicacias dentro y fuera de Podemos. Las últimas noticias vienen a confirmar que el Govern, a través de IB3, estaría favoreciendo determinadas empresas vinculadas con el líder de Podemos. Ya se ve que los de la regeneración democrática y el rescate ciudadano no pierden el tiempo.

Analizando los presupuestos para el ejercicio 2017 sorprende, en primer lugar, el incremento temerario del gasto, que aumenta en 427,34 millones de euros, hasta alcanzar los 4.668,24 millones de euros, máximo histórico. Esto supone un incremento del 10,3% respecto al año anterior. Lo grave es que este aumento del gasto se justifica en base a un incremento de ingresos que difícilmente se va a producir, especialmente en lo que se refiere a los 120 millones del protocolo de intenciones del convenio de carreteras, algo que también reconoce el propio portavoz socialista, lo que, muy probablemente, esta circunstancia pueda acabar con un incremento adicional del déficit y, en consecuencias, de la deuda.

Si hacemos un comparativo, el Govern dispondrá en 2017 de 1.064 millones de euros más de los que pudo disfrutar el Govern del PP en el año 2013, ejercicio en que el gasto no financiero fue el más bajo de los últimos años.

Teniendo en cuenta el fuerte incremento de la recaudación de los impuestos propios y de las aportaciones del Estado vía modelo de financiación, que le permitirá disfrutar de más de 1.000 millones más que en la anterior legislatura, sorprende que esta circunstancia, enormemente favorable, no se utilice para reducir la deuda o bajar impuestos. A pesar de recaudar como nunca, el año que viene la comunidad se seguirá endeudando y lo hará en 263,3 millones más. Es importante destacar que Baleares es de las comunidades más endeudadas, debemos cerca de 9.000 millones de euros, y empezamos a estar en un punto de no retorno. La propia consellera de Hacienda, Catalina Cladera, calificaba esta circunstancia de insostenible.

Siendo consciente de la crítica situación del nivel de endeudamiento, resulta desconcertante que la propia consellera no solo no haga nada para reconducir esta situación, sino que imprima más gas y presente unos presupuestos que nos arrastra a pasos agigantados hacia esta insostenibilidad que ella misma denuncia, dejándolo todo al albur de que el gobierno central acepte condonarnos esta deuda, algo improbable y que solo la inconsciencia puede dar por plausible.

Por otro lado, los presupuestos de 2017 mantienen el fuerte incremento de los impuestos aplicado en 2016, y por si esto fuera poco, se crean cuatro nuevas tasas, que se suman a las seis que ya se crearon el año pasado. Mantienen la injusta y exagerada tributación de las transmisiones mortis causa entre padres e hijos y entre cónyuges, en lo que es, quizás, la mayor de las injusticias de la reforma fiscal impuesta por el Govern y que está obligando a muchos hijos a tener que renunciar a la herencia de sus padres.

Mantienen por tanto, una tributación salvaje y totalmente desproporcionada contra los exhaustos bolsillos de la clase media y trabajadora, mientras ellos se permiten el lujo de volver al derroche que ya se vivió en el II Pacte de Progrés, incrementando las plantillas en más de 115 millones de euros y, entre otras cosas, para subvencionar generosamente a sus entidades afines y para premiar a quienes les ayudaron en su regreso al poder.

Son, por tanto, unos presupuestos que en nada ayudan a apuntalar el crecimiento económico, socavan las economías domésticas, en especial, de las clases medias y trabajadoras y suponen un salto adelante hacia el abismo, pues continúa con la escalada de deuda, cuyo nivel empieza a estar hoy desbocado y puede convertirse en breve en impagable.

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